Kaixo Euskadi
21/10/2011 Dejar un comentario
A punto he estado de titular este texto con un “Agur ETA”. A punto de ceder, por costumbre, el papel principal a quien no puede merecerlo. ETA deja las armas, sí. Pero ETA no es la protagonista de este día. La última banda terrorista de Europa ya ha chupado demasiada cámara en los últimos 50 años a base de odio y sangre. 829 muertos, cientos de familias rotas. Nunca podremos olvidar el dolor de las víctimas, el miedo constante de políticos y periodistas, el forzado silencio de quien no puede hablar con libertad. Eso, y confieso que hoy me apetece ser optimista, se acabó.
Quiero creer, respirar tranquilo y confiar. Aunque ETA no merezca mi confianza, Euskadi sí la merece. Los vascos la merecen. La herida de ETA va más allá de un rastro de muerte. Su terrorismo ha provocado una mancha hasta ahora imborrable sobre la sociedad vasca, una mancha que seguía a cada ciudadano de Euskadi (incluso de toda la llamada Euskal Herria) allá donde pusieran un pie. Decir “soy de Bilbao”, de Donostia, de Vitoria, de Zarautz o de Eibar no provocaba la misma reacción que un “soy de Cuenca”.
El único “logro” de ETA ha sido perjudicar hasta el punto de no retorno la imagen del pueblo vasco fuera de sus fronteras. Vaciar kilos y kilos de estiércol sobre cualquier reclamación identitaria, transformando a todos los vascos en asesinos, en escoria. ETA, defensora de la nación vasca, ha sido su principal enemigo. Enemigo de un pueblo hastiado por la verdadera “lucha”: demostrar que los vascos son hombres y mujeres con las mismas inquietudes que cualquiera de nosotros, y no etarras en potencia.
Ahora es el momento de Euskadi. El momento en el que puede y debe elegir su camino sin el horrible lastre de la violencia, con capacidad para hablar del futuro de esa tierra sin tener que calcular antes de qué lado está su interlocutor. Pudiendo hablar, por primera vez en 50 años, de lo quieren los vascos sin necesidad de contratar escolta.
Los vascos son ahora libres de ser vascos. Esto es lo que ha cambiado este 20 de octubre, aunque habrá que esperar meses, probablemente años, para ver esta realidad en las calles. Pero una vez se consiga no habrá vuelta atrás. Poco importarán las conspiranoias de la extrema derecha y el nacionalismo español, los catrastofismos de los oportunistas y de esa jarcia que, sin empuñar un arma, también fomentaba (y fomenta) el odio a todo lo vasco.
Hoy gana la democracia. Hoy ganan todos los ciudadanos de España. Pero, sobre todo, hoy gana Euskadi.



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