De lenguas y euros
21/01/2011 3 comentarios

Anonadado me encontraba pensando en la posibilidad de coincidir con el PP en política lingüística. “Que no, hombre, qué dices”, pensaba para mis adentros. “Algo falla ahí”, insistía. Por suerte para mi salud mental, sí, algo fallaba. En efecto, me parece un despilfarro el gasto en la traducción simultánea a las tres lenguas cooficiales en el Senado. La cantidad destinada a contratar a los traductores, aunque pequeña (apenas un 0,6% del presupuesto sin necesidad de aumentarlo), no debería estar destinándose a una tarea en absoluto imprescindible y que sólo beneficia a los de siempre. Y es que en España, pese al desconocimiento general, no existen “solamente” cuatro lenguas propias, sino siete. Siete lenguas nacidas, salvo el euskara, del Latín.
No es de extrañar la ignorancia absoluta de esta realidad, pues las comunidades autónomas en las que están presentes ofrecen poca o ninguna protección al mantenimiento de este patrimonio cultural. Tan sólo el aranés, variedad del occitano gascón hablando en el Valle de Arán (Era Val D’Aran), posee la oficialidad gracias al apoyo de la Generalitat catalana. Las otras dos, aragonés y asturleonés, se encuentran al borde de la extinción. Para qué engañarnos: no interesa conservarlas. Cuestan dinero, apenas dan votos y además son consideradas propias de paletos de pueblo, llamadas aún por sectores de derecha (incluso pseudoizquierda) “dialectos”, buscando darle un sentido despectivo a lo que no es más que ignorancia lingüística. Preferiría no recordar las palabras de Revilla, en las que calificaba al cántabro o montañés (variedad del asturleonés) de “castellano mal hablado” (aunque las recuerdo), pero son un símbolo de lo que, para la clase política dominante, representan estas lenguas. Por eso mismo, no puedo apoyar que se gasten 350.000 euros al año en el uso de los idiomas cooficiales en el Senado. Con ese dinero se podrían contratar varios lingüistas, muy bien pagados, para el estudio de este patrimonio lingüístico y, a su vez, dedicar recursos a su conservación. Ese Zapatero defensor de la España plural, cuando le da apoyos en el Congreso, debería ser el primero en fomentar el mantenimiento de un valor importantísimo de los países de este país y con el que se le llena la boca en campaña.
Porque la España plural no es Madrid, Catalunya, Galicia y Euskadi. Son, somos, cada uno de los españoles que, aunque no pataleemos por la tan manida “identidad” cada vez que se nos presenta la oportunidad, no quiere decir que no la sintamos nuestra. Aquellos que huimos del escalofriante término “nación” sin renunciar a lo que nos hace únicos.


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una pequeña torre de babel, exenta de sentido comun.
saludos
Desde luego no has entendido el post. Pero bueno, así va el mundo. Gracias por el comentario.